El otro día leí en un grupo de debate de Linkedin, un comentario que utilizaba la analogía de una maquina para describir una empresa. A continuación, establecía una semejanza entre las personas y las piezas de la maquina. Inmediatamente  recordé a Ken Robinson: “Las organizaciones no son mecanismos ni las personas son piezas. Las personas tienen valores y sentimientos, percepciones, opiniones, motivaciones y una historia propia; los dientes y los piñones, no”

Ayer, en la Escuela de Negocios del CEU de Madrid, disfrutamos de una brillante conferencia a cargo de Nieves Jerez, reconocida experta en la formación de alta dirección. Y , tal y como esperábamos, Nieves nos habló de personas; no de piezas, ni de piñones, ni de engranajes. Porque las personas tienen inteligencia, corazón y coraje; las tres grandes cualidades que definen la superación:

Inteligencia, para predecir los resultados más eficientes. Pasión, para favorecer la eliminación de barreras entre mi propósito y yo mismo. Tolerancia a la frustración, para asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

La cultura de la excelencia en una organización, subrayaba Nieves, se aprecia cuando, ante las crisis, los conflictos o los cambios, es capaz de poner en juego, de forma natural, las tres cualidades de la superación. Esto solo lo pueden hacer las personas, nunca los dientes del engranaje de una maquinaria. Todavía algunos no han superado el paradigma mecanicista de la organización que retrataba con mordacidad, hace ya todo un siglo, la película Tiempos Modernos.