¿Qué pasaría si mi vida la percibiera libre de amenazas? Al menos las prescindibles, pero… ¡ni una más! Hablemos del… ¡miedo! El miedo es una emoción asociada a sentimientos de turbación, ansiedad, pánico, timidez, angustia, preocupación,… Todos ellos, provocados por la percepción, real o imaginaria, de unaamenaza. Tengo miedo porque me siento amenazado. Tengo miedo a volar en avión porque me siento amenazado por su fragilidad. Tengo miedo a hablar en público porque me siento amenazado por las miradas inquisitivas de la audiencia y por la amenaza de creer que perderé los papeles; que no estaré a la altura de las circunstancias. Tengo miedo a emprender una nueva empresa porque me siento amenazado por el fracaso. Tengo miedo a abrir mi corazón y mostrarme vulnerable porque me siento amenazado por la opinión de los demás; por eso vivo con una máscara, para protegerme de sus amenazas. Tengo miedo a iniciar, por décima vez, una dieta porque temo la amenaza de revivir una nueva decepción; no podría superarlo. Tengo miedo a comprometerme porque temo la amenaza de sentirme esclavo de otra persona. Tengo miedo a la oscuridad porque me siento amenazado por lo desconocido. Tengo miedo a dar mi opinión en una reunión de trabajo porque temo la amenaza de mi jefe; ¿qué pensará de mí? Tengo miedo a comenzar una nueva vida porque temo la amenaza de perder lo que he conseguido. Tengo miedo a luchar por mis sueños porque temo la amenaza de un camino lleno de obstáculos. Tengo miedo a la muerte porque me siento amenazado por el vacio; por eso no me hago preguntas, porque me siento amenazado por las respuestas. ¿Cuáles son mis amenazas…? ¿Alguna de estas…? ¿Otras tal vez…? ¿Cuáles son…?

El miedo, en sí mismo, no es malo. El miedo es necesario. Sin él no podría vivir. El miedo es mi aliado. Me dispone ante cualquier amenaza contra mi supervivencia. Pero… ¿todos mis miedos tienen que ver con una amenaza real?,  ¿todos mis miedos están asociados con mi supervivencia?

Cuando otros no piensan como yo me siento amenazado. Cuando hace frio me siento amenazado. Cuando hace calor me siento amenazado. Mi jefe es una amenaza. El comportamiento de mis hijos es una amenaza. El vecino es una amenaza. Mi enfermedad es una amenaza. Mi compañero de trabajo es una amenaza. El gobierno es una amenaza. La oposición es una amenaza. Me siento atacado, agredido por los demás…. Y a veces, también por mí mismo: no me gustan mis reacciones, no me gusta mi cuerpo. No me gustan mis cosas: mi casa, mi coche, mi  ropa,…. Yo mismo soy la amenaza.

Vivimos atenazados por el pasado y preocupados por el futuro. Imágenes recordadas y construidas, diálogos internos, voces, sensaciones de todo tipo construyen la estructura de nuestro pensamiento, al tiempo que se erigen en los filtros que interpretan lo que nos pasa. Es aquí donde entreno mi mente; en estas pequeñas pero poderosas porciones de mi experiencia. Porque los miedos de hoy son el resultado de acontecimientos del pasado organizados en imágenes, palabras, sonidos y sensaciones.

Si altero estos fragmentos subjetivos puedo modificar la forma en que interpreto el mundo y convertir un miedo irracional en un mero inconveniente.

La película “El discurso del Rey” ilustra esta reflexión. El rey Jorge VI, hundido en la inseguridad y la desesperanza por su tartamudez, se pone en manos de un terapeuta, Lionel Logue. Se trata de un personaje muy peculiar; el último recurso para “sanar” su tartajeo. A través de un intenso “entrenamiento” nuestro rey vivirá una aventura interior. Descubrirá sus creencias sobre lo que es posible, reconocerá sus diálogos internos e identificará sus sentimientos más íntimos. Su limitación dejará de ser una amenaza para su pueblo, para su familia y para él mismo. La seguridad, la energía, el equilibrio, la paz… sentimientos enterrados en el pasado, brotarán de nuevo.  Y se abrirá paso una vida libre de amenazas. Al menos de las prescindibles.