La semana pasada, un buen número de personas, de las centenares repartidas por la geografía nacional comprometidas con la mejora continua del CEU, disfrutamos escuchando una conferencia –muy participativa por cierto– impartida a la limón por David Alpuente y Enrique Marco, ambos socios de Alper Consultores.

Hablaron sobre el cambio en las organizaciones y de cómo una adecuada cooperación de las personas con este tipo de procesos contribuye también a su propio crecimiento personal.

Para ello, se sirvieron del acrónimo AVANCE, una palabra que tiene que ver con “movimiento”. Así la define el DRAE, como un “movimiento o prolongación hacia delante”. Por lo tanto, avance y cambio están conectadas; el cambio supone necesariamente un movimiento, pero un movimiento que avanza hacia una visión previamente establecida.

Así explicaron, en síntesis, qué entendían por AVANCE:

  • Atrevimiento. Solo avanzamos/crecemos cuando exploramos hacer algo nuevo o hacerlo de forma distinta.
  • Voluntad. Hace falta sostener la voluntad mientras avanzamos.
  • Acción. La acción aplasta el miedo y alimenta la confianza. Hay que aceptar el miedo como un compañero de viaje. Siempre que hay miedo nos encontramos ante una oportunidad para crecer.
  • Nosotros. Se trata de mover la propia voluntad y la de todos.
  • Compromiso. Valoras la meta, más que por el logro, por el valor mismo del camino recorrido. Un camino que empezaste porque tenías tres cosas: una visión, una misión y unos valores.
  • Esperanza. Para tener esperanza hace falta convicción; esa singular creencia que te permite creer para ver.

Para avanzar entran en juego, entre otras, 4 variables:

  1. Un destino. Lo dicho, hay que elegir. ¿A dónde quiero ir? ¿A dónde quiero llevar mi organización? ¿Cómo veo ese “lugar”?.
  2. Retos. Identifícalos. ¿Cuales son mis retos hoy? ¿Cuales serán mis retos mañana? Prepárate para gestionarlos.
  3. Energía. El combustible de la acción. ¿Qué alimenta mi energía? ¿Qué reduce mi energía? ¿Cómo puedo incrementarla?
  4. Lastre. Hay que tirar por la borda todo aquello que impide el avance. Pero atención… ¡valora las consecuencias!

Este post me ha recordado la historia de Hyeonseo Lee y su huida de de Corea del Norte. Ya tuve ocasión de compartir la historia Shin Dong Hyuk en el post “Huida del Campo 14”. En ambos casos, las actitudes que acabamos de describir con palabras están encarnadas en cada uno de ellos. No hace falta vivir bajo la bota de una dictadura para emprender cualquier tipo de cambio. Sus historias nos inspiran y hacen de nuestro empeño por avanzar una tarea mucho más asequible.