¿Quien no quiere tener un equipo altamente motivado y, al menos, tan comprometido como el mismo responsable de la organización?

Hablamos del engagement; de “un estado psicológico positivo del empleado caracterizado por altos niveles de energía y vigor, dedicación y entusiasmo por el trabajo, así como total absorción y concentración  en la actividad laboral”.  Así lo definen Marisa Salanova y Wilmar Schaufeli en su libro “El engagement en el trabajo. Cuando el trabajo se convierte en una pasión”, en Alianza Editorial. En esta obra los autores tratan el fenómeno del engagement desde el más estricto enfoque académico. Es decir, nos encontramos ante un trabajo enormemente solvente.

Stephen R. Covey, en su afamado “7 hábitos para la gente altamente efectiva” , con más de 25 millones de ejemplares vendidos, nos explica la causa subyacente de falta de engagement:

“He asistido a un curso tras otro sobre dirección de empresas. Espero mucho de mis empleados y me empeño en ser afable con ellos y en tratarlos con correciión. Peor no siento que me sean leales en absoluto. Creo que, si por un día me pusiera enfermo y me quedar a en casa, se pasarían la mayor parte del tiempo charlando en los pasillos. ¿Por qué no consigo que sean independientes y responsables, o encontrar empleados con esas características?

La ética de la Personalidad me dice que puedo emprender algún tipo de acción espectacular –sacudir la organización, cortar cabezas- que haga que mis empleados mejoren en el desempeño y aprecien lo que tienen. O que puedo encontrar algún programa de entrenamiento motivacional que consiga comprometerlos. Incluso que podría contratar nuevo personal que trabajara mejor.

Pero ¿no es posible que por debajo de esa conducta aparentemente desleal, los empleados se estén preguntando si yo en realidad actúo bien con ellos? ¿Deben de creer que los estoy tratando como objetos? ¿Hay algo de vedad en ello?

En realidad, en un plano profundo, ¿no es así como los veo? ¿Existe la posibilidad de que el modo en que considero a la gente que trabaja para mí forme parte del problema?”

Al final, de eso trata el engagement, de tratar con personas, no con recursos. Aún hay directivos que se escandalizan por la falta de compromiso de su gente. Son solo directivos. No saben liderar. Les recomiendo que dediquen buena parte de su tiempo a escuchar a las personas que colaboran con ellos. Sin duda, las respuestas de la encuesta que han realizado Edenred e Ipsos en 14 países europeos para detectar el bienestar y la motivación en el empleo son bien ilustrativas. De un total de 13.600 trabajadores encuestados -800 españoles- el resultado es inquietante: ¡El 40% de los empleados se irían de su empresa! ¿A que esperáis? Comprad urgentemente el libro de  Salanova y Schaufeli antes de que sea demasiado tarde.

El profesor Dan Ariely, de la Universidad de Duke, experto en psicología y en comportamiento económico, nos explica qué es lo que hace sentir tan bien a una persona en el trabajo como para no querer cambiar de empresa.