Este es el título de la serie que, mi hijo Álvaro y yo, hemos descubierto en la televisión por cable este verano. Nos hemos chupado todos los capítulos, un día tras otro; diez episodios de la primera temporada. La segunda ya se ha estrenado en Estados Unidos y la tercera se emitirá en el 2016.

La serie se sitúa en un escenario post-apocalíptico. Un virus mortal está destruyendo la vida de millones de habitantes en todo el planeta. La única esperanza para curar a la humanidad viaja a bordo de un barco de guerra de la Armada Norteamericana. En principio, el último barco operativo en los océanos. El capitán Thomas Chandler, comandante del “USS Nathan James”, es el protagonista junto con la Dra. Rachell Scott y el resto de oficiales, entre ellos un equipo SEAL.

Capítulo a capítulo, podemos hacer toda una exégesis de las cualidades de liderazgo del capitán sobre el conjunto de la tripulación. Mi capítulo favorito fue el 6º, titulado “Cuarentena”, en el que se describen los problemas de comunicación del grupo ante la falta de información acerca de la epidemia y sus consecuencias.

El episodio comienza con una discreta conversación entre dos oficiales responsables de las transmisiones. Una de ellas dice: “La gente empieza a preguntar que estamos haciendo aquí”. Y añade la otra: ”Nadie sabe lo que pasa fuera de este barco excepto lo que cuentan los oficiales, que no es mucho.” Una muestra elocuente de la confusión que vive el conjunto de la tripulación.

A continuación, en otra secuencia, el comandante, consciente de la situación pregunta a los dos oficiales de más alto rango: “¿Qué contamos a la tripulación?”. Uno de ellos responde: “Nosotros debemos cargar con esto”. El capitán advierte: “Si empezamos a ocultar información… “ Pero el segundo de los oficiales replica: “Lo entiendo Señor, pero necesitan esperanza”.

No voy a desvelar el argumento, pero este episodio nos muestra cómo algunas personas pueden llegar a ser tan tóxicas para una organización como los virus lo son para la salud. Y veremos también que, ante una crisis, se puede optar por una gestión paternalista o por un modelo responsable de comunicación. Seguro que ciertos comportamientos te serán familiares.  El episodio merece la pena.