“¡Tienes que verla! ¡Tienes que verla! Mi hijo no paraba de decírmelo. Y al fin, la vi. ¿Y sabéis que os digo…? ¡Que tenéis que verla! Es una película extraordinaria. La historia de un joven músico por llegar a lo más alto descrita con una crudeza y una profundidad emocional escalofriantes.

Pero, más allá de ser una gran película, ¿qué lecciones puede aportar en relación al contenido de un blog sobre liderazgo…? Pues, nada más y nada menos que dos cuestiones vitales:

  1. Hablamos de precio: ¿Qué precio estás dispuesto a pagar por alcanzar tus objetivos? Más aún, ¿qué precio quieres que pague tu gente por alcanzar tus objetivos?
  2. Y hablamos también de presión: ¿Qué grado de presión estás dispuesto a soportar? ¿Cuál es tu límite? ¿Tienes límite…?

El ejercicio del liderazgo supone, entre otras variables, saber manejar estas dos: precio y presión. Hablemos de ello.

Muchos se rinden a la primera de cambio: “Es que me ha dicho…” “Si conocieras a mi jefe…”. “ Es que no me siento cómodo…”. “Es que no me apetece…”. “Es que…”. “Es que…”. “Es que..”. Excusas, nada más que excusas.

“Para liderar hay que venir llorado de casa”

Otras veces el nivel de presión no merece pagar ningún precio. Entonces hay que dejarlo. Pero para tomar esta decisión hay que saber distinguir entre guerras y batallas. La guerra hay que ganarla, pero las batallas no necesariamente hay que pelearlas todas. Incluso puedes perder alguna de ellas. Además, hoy por hoy, puedes elegir la batalla y el sitio dónde quieras librarla.

¿La presión es mala? No necesariamente. Como tengo sangre gallega estoy autorizado a decir aquello de “¡depende!”. ¿Y de qué depende…? De tus fuerzas para soportarla, de la dignidad moral que hay que tener para decir “hasta aquí hemos llegado” y de la capacidad para recuperarse y sacar provecho de la información de retorno que nos proporciona cualquier tipo de “fracaso”.

De todo esto y de mucho, mucho más… trata Whiplash.