Hablamos de mentalidad; una forma peculiar de interpretar los acontecimientos; una representación personal, e incluso grupal, de lo que sucede y porqué sucede.  La mentalidad es la antesala de mi actitud; la que desvela y explica el misterio de mi disposición ante las personas, las tareas, los sucesos, … Entender la propia actitud y la ajena, modificarla, elevarla, pasa, previamente, por entender la arquitectura de mi mentalidad.

Marco Aurelio, en su escrito sobre la juventud, describe ésta, precisamente, como una mentalidad. Y para ello, nos ofrece una sugestiva interpretación de la vida humana capaz de remover las entrañas del más genuino de los pesimistas.

La juventud no caracteriza una etapa de la vida, sino una mentalidad. La juventud es la expresión de la voluntad, de la fuerza imaginativa y de la intensidad de los sentimientos. Juventud significa la victoria de la osadía sobre el desaliento, la victoria de la sed de aventuras sobre la inclinación a la comodidad. 

No se envejece por haber vivido un determinado número de años; se envejece cuando renunciamos a nuestros ideales.

Cierto es que los años dejan su marca sobre la piel, pro es la renuncia a los ideales lo que marca el alma. Los prejuicios, las dudas, los temores y la desesperanza son enemigos que nos atan cada vez más a la tierra y nos convierten en polvo antes de morir.

Es joven quien todavía es capaz de sorprenderse y entusiasmarse. Es joven aquel que aún pregunta como un niño insaciable: “¿Y entonces, qué?”

Es joven aquel que desafía los acontecimientos y se encuentra a gusto dentro del juego de la vida. Seréis tan jóvenes como grande sea vuestra fe. Y tan viejos como grandes sean vuestras dudas.  Tan jóvenes como fuerte sea vuestra confianza en vosotros mismos. Y tan viejos como intenso sea vuestro abatimiento.

Y seguiréis siendo jóvenes mientras sigáis teniendo abierto el corazón, mientras sigáis siendo sensibles a lo bello, a lo bueno y a lo grande; sensibles a los mensajes de la naturaleza, a los de vuestros semejantes, y a los que se encuentran más allá de nuestra comprensión. Si un día vuestro corazón llegara a ser mimando por el pesimismo, y a ser corroído por el cinismo, quiera Dios apiadarse entonces de vuestra alma, del alma de unos viejos”.