Una multinacional, de entre las más grandes y poderosas del mundo, reúne a clientes de todo el país para presentar la estrategia de marketing y ventas para los próximos doce meses. Son las 10 de la mañana y el auditorio está abarrotado; cientos de personas están escuchando al responsable de marketing mientras ven su imagen duplicada en una enorme pantalla. En un momento de su tecnológica intervención, después de presentar gráficas coloreadas de brillantes resultados y estudios de mercado aderezados con inteligentes comentarios concluye: “… porque la máxima prioridad de los jóvenes es… disfrutar”. Para ilustrar esta “elocuente” afirmación nos instruye con un video que comienza y repite a lo largo de varios minutos la siguiente pregunta: “Did you know…? (¿Sabías que…?) y se responde a sí mismo con datos estremecedores:

Un joven con veintiún años ha visto 20.000 horas de televisión, ha jugado 10.000 horas con las videoconsolas y ha mantenido 10.000 horas de conversación por teléfono. No me pude resistir, cogí la calculadora y… Estas cifras suman ¡cuatro años y medio de la vida de una persona! Pero…, sigan atentos a sus pantallas, aún hay más. “Un joven con 21 años ha enviado o recibido ¡250.000 correos electrónicos o mensajes instantáneos!” A 2 minutos de promedio suponen más de 8.300 horas, es decir casi un año más de vida. Todo ello, sin valorar el tiempo dedicado a navegar por Internet visitando páginas webs de toda índole.

Y me pregunto… ¿En qué gasté mi tiempo hasta el año 1983? Por aquel entonces cumplía 21 años y… ¡solo había dos canales de televisión! Ahora, solo por la TDT, ¡hay más de treinta! Los teléfonos móviles… ¡no existían! Hablábamos por teléfonos fijos amarrados a través de cables. ¿Y los videojuegos…? ¡Estaban en los bares o en los billares! Para poder jugar… ¡Teníamos que echar monedas! ¿Internet…? ¿Correo electrónico…? ¿Páginas webs…? ¡Ciencia ficción!

Después de veinticinco años las cosas han cambiado, como no podía ser de otra forma. Pero, lo increíble, es que hoy, gracias a las nuevas tecnologías de la información, cada día se publican más de 3.000 libros en el mundo. Lo asombroso es que el conocimiento se duplica cada dos años y en el 2.010 se duplicará cada 72 horas… Y lo triste…, lo triste es que hoy, disfrutando de todo este prodigio de posibilidades, un joven promedio de cualquier país desarrollado, está dedicando más de 5 horas diarias a ver la televisión, jugar con la consola de videojuegos y hablar por el teléfono móvil. La juventud, hoy más que nunca, es un mercado dócil y previsible cautivo de una “nueva economía” preparada para crear y fidelizar mercados de millones de jóvenes en un tiempo record. El mundo digital, más que un aliado, parece el amo de los jóvenes y estos sus nuevos esclavos.

Esta es una de las caras de la moneda. La otra cara es potencialmente esperanzadora. Como dice Peter Drucker:

“… dentro de unos cientos de años, cuando la historia de esta época se escriba desde una perspectiva distante, es probable que el acontecimiento más importante para los historiadores no sea la tecnología, ni Internet, ni el comercio electrónico, sino un cambio sin precedentes en la historia de la humanidad. Por primera vez -literalmente- hay muchísimas personas que pueden elegir, y su número crece con rapidez”.

¿Pero, elegir qué…? Elegir quién quiero ser. Elegir cómo expresar mi identidad en el mundo. ¿Qué tal si empiezo por restar tiempo a la televisión para dárselo a los libros? ¿Qué tal 10.000 horas menos…? Después puedo sustituir la realidad virtual de las consolas -¡otras 5.000 horas menos…!- por la auténtica y gratificante realidad de un mundo de personas de carne y hueso.

Necesito tomar el control. Necesito tiempo, prolongado y sereno, para descubrir y activar mis talentos, y audacia para revelarlos. Con un gran propósito: levantar mi ideal, no una utopía; un ideal que merezca la pena ser vivido. ¿Disfrutar…? ¡Por supuesto! Porque nada hay más atractivo, nada más estimulante que edificar la propia vida.

Esta es la versión más reciente del video “¿Did you know?”. Destaca los cambios drásticos que ocurren en Iowa y en el mundo, y muestra como las escuelas están luchando para mantenerse al día en este nuevo entorno mundial.