Tengo que reconocerlo, me emocioné. La música clásica me gusta, pero en su justa medida y, si tengo que elegir, prefiero el Barroco, y especialmente Bach, Juan Sebastián o Haendel, George Friedrich. Por eso, ayer por la tarde, mis expectativas fueron sobradamente cumplidas. Con motivo de la festividad de la Conversión de San Pablo, la Universidad San Pablo CEU celebró, en el Teatro Buero Vallejo de Alcorcón, un magnífico concierto con el título: “Grandes Tesoros del Barroco Alemán”. Durante las dos horas de concierto, en muchos momentos, las lágrimas recorrieron mis mejillas. ¿Por qué…? ¡Yo mismo me lo preguntaba…!: ¿Por la soberbia interpretación de los músicos y el coro…? Lo que de verdad me conmovió fue apreciar la grandeza, la dignidad y la belleza de la naturaleza humana; de lo que es capaz, de sus asombrosas posibilidades. ¡Hasta que punto la virtud humana puede conjuntarse para crear una obra tan sublime! “DIXIT DOMINUS, HWV232”, de Haendel. Esta fue una de las obras.

Cada nota está al servicio de una obra inmensa. El virtuosismo alcanza cotas prodigiosas, pero permanece impecablemente armonizado en el conjunto. Lo mejor de cada uno al servicio de un todo superior. El director conoce la obra; tiene una visión nítida del resultado y cataliza el esfuerzo de todos…

Una poderosa metáfora para espolear la actividad de nuestras organizaciones políticas, sociales o empresariales. ¿Alguna de ellas podría emocionarnos…?

Os dejo con la London Symphony Orchestra y la inspiración de Haendel.