“Algunos no sabían por qué el Obispo de Roma ha querido llamarse Francisco. Algunos pensaban en Francisco Javier, en Francisco de Sales, también en Francisco de Asís. Les contaré la historia.

Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba. Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís. Después he pensado en las guerras, mientras proseguía el escrutinio hasta terminar todos los votos. Y Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís.

Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre… ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!

Después, algunos hicieron diversos chistes: «Pero tú deberías llamarte Adriano, porque Adriano VI fue el reformador, y hace falta reformar…». Y otro me decía: «No, no, tu nombre debería ser Clemente». «Y ¿por qué?». «Clemente XV: así te vengas de Clemente XIV, que suprimió la Compañía de Jesús». Son bromas… Os quiero mucho”.

Éste es un fragmento de las palabras que, el pasado sábado 16 de marzo, el Papa Francisco dirigió a los representantes de los medios de comunicación de todo el mundo. Pude ver la audiencia en directo a través de la televisión. Observé en detalle toda su intervención; lo que dijo y como lo dijo. Y cuando finalizó pensé:

este hombre tiene una gran fortaleza porque no tiene miedo a mostrarse vulnerable.

Francisco manifiesta las cualidades de un líder que no teme mostrarse tal y como es. No necesita artificios, no lleva máscara. Es transparente. La sencillez con la que nos cuenta como eligió el nombre de Francisco es demostrativa de una personalidad de puertas abiertas.

Es el Santo Padre; tiene que medir sus palabras y las lleva escritas, pero las enfatiza con espontaneidad.

Lo hace narrando historias; como la que nos acaba de contar. Con naturalidad. Con familiaridad. Y la autoridad que le ha sido otorgada, no le impide ser como es: asequible, afable, sencillo, cordial, directo, sin dobleces, … No se envara. Sus movimientos son relajados, naturales. El espacio lo hace suyo.

Alguien así es alguien que ama con los miedos justos y ninguno más. Nos lo dice él: “Os quiero mucho”