fabadiabadenas_lider_2¡Cuántos profesionales ocupan puestos de responsabilidad pero no son líderes! No saben gobernarse a sí mismos, pero se entretienen manejando la vida de los demás. Un líder lo es por adhesión  nunca por imposición. Será una flamante presidenta del consejo de administración, un experto director general, un veterano jefe de departamento, una erudita profesora, un padre enrollado, pero no será un líder. La posición reviste de autoridad, pero el liderazgo; que una persona sea seguida por otras independientemente del lugar que ocupas en la organización, eso…  ¡hay que ganárselo!

¡Cuántos jóvenes sobradamente titulados y remasterizados, con presupuestos de millones de euros a su cargo, carecen de la consistencia humana necesaria para tomar decisiones que afectan a miles de personas! Estudiaron en las más prestigiosas escuelas de negocios. Resolvieron, sobre el papel, un buen número de “casos”. Pero ahora, cuando tienen que argumentar su posición ante el comité de dirección, se arrugan.

¿Por qué la mayoría de nuestros distinguidos “líderes” son tan penosos comunicando?

Porque no son líderes. Serán quizás buenos gestores de la cosa pública, buenos ejecutores de un plan de negocios, serán la opción menos mala en un contexto de mediocridad, pero líderes… no. Un líder es un gran comunicador o no es un líder. El liderazgo entraña una capacidad básica: facilitar el sentido de la realidad y hacerlo de forma convincente. El líder quiere conectar con su gente, quiere comprender y ser comprendido, y la comunicación es la evidencia de ese deseo.

¿Qué cimientos sostienen nuestras organizaciones? ¿Alguno de ellos es un fundamento ético? Y si es así, ¿está vivo o es un papel mojado? Es un lugar común aceptar el uso habitual de la mentira como parte de las reglas de juego que, inevitablemente, hay que aceptar para ganar la partida; entre otras razones, porque la integridad se considera un obstáculo para el rendimiento. La situación es desoladora: la palabra dada ha perdido valor y, como consecuencia la confianza se ha hundido, y con ella la capacidad para el ejercicio del liderazgo.

¿Cuántas organizaciones están desarrollando líderes según un modelo previamente definido? ¿Acaso no es esta una tarea crítica del ejercicio del liderazgo?

El propósito de este blog es contribuir a difundir un modelo de liderazgo que es expresión natural de la persona y que se configura desde sus mismos fundamentos antropológicos. No se trata de coleccionar habilidades, sino de integrarlas y potenciarlas -a través de la Inteligencia Ejecutiva- en el mapa cognitivo y emocional del ser humano. Un gran líder es una gran persona y una gran persona es también, inevitablemente, un gran líder allí donde esté el ámbito de su acción. Todo parte del “ser”, no de barnices superficiales o meras técnicas. El desafío consiste en aprender a reconocer los obstáculos que impiden, a todas las personas, ejercer el liderazgo de una forma auténtica y, por lo tanto, natural e integrada.